martes, 12 de febrero de 2013

De blanco y negro al color


Bien, los pensamientos de un frío martes de febrero me llevan a reflexionar sobre el mundo hostil en el que vivimos. 
Nadie se para a pensar en la “sociedad” que, poco a poco, todos y cada uno de nosotros hemos ido construyendo, a base de mentes de cemento y corazones de hormigón. Y es que todo el mundo, sin excepción, aporta su granito de maldad a este montón de mierda. Unos lo hacen de forma directa, otros de forma indirecta, pero al fin y al cabo la realidad es que todos contribuimos. Vivimos en una sociedad en la que el individuo no tiene la más mínima importancia. Se han ido imponiendo progresiva e imperceptiblemente los estragos de un capitalismo cruel, los recelos de un fanatismo religioso (las mismas religiones que predican la igualdad de todos los individuos), un marketing incansable que busca el consumo para consumir aún más, dirigentes que ven a las personas como meras máquinas capaces de producir tanto o cuanto, en detrimento de los valores individuales. Se busca el máximo rendimiento de las personas, olvidando valores primordiales de la esencia del ser humano, tales como la creatividad, el arte, el amor o la imaginación. Debemos ser todos iguales, productores, simples miembros más de un rebaño al que hipócritamente llamamos sociedad, reduciendo al mínimo la variabilidad existente de una persona a otra. Todos debemos ser guapos, simpáticos, inteligentes y trabajadores. Si nos salimos de esos esquemas estipulados, siempre nos encontraremos un dedo señalándonos desde cualquier esquina. Y es que hemos llegado a un punto en el que, cada minuto y cada segundo de nuestras tristes vidas, está planificado. Cada oveja, en su redil. Todas controladas y que no se salga ninguna.



Pero bueno… Esto ha existido siempre, de una forma u otra. Anexo al desarrollo del ser humano en conjunto. Llámese capitalismo, feudalismo, aristocracia u otras palabrejas que vienen a representar conceptos similares, la consecuencia siempre es la misma. Unos pocos dominan a la gran mayoría. Oligarquía. Por mucho que pataleemos, lloremos o nos enrabietemos, mamá sociedad siempre estará ahí para recordarnos que no podemos desviarnos de unos márgenes preestablecidos. No podemos hacer nada a nivel colectivo, siempre seremos una oveja más. Sin embargo, y este es el motivo principal que me trae a escribir, sí que podemos hacer cosas a pequeña escala, contribuyendo a que el mundo en el que vivimos se vea algo más colorido, en lugar de en escala de grises.
En nuestras manos está buscar la felicidad en las pequeñas cosas del día a día.
En nuestras manos está huir de los problemas, por pequeños que parezcan.
En nuestras manos está disfrutar dando a los demás un poquito de nosotros mismos.
En nuestras manos está ayudar en todo lo posible a las personas que realmente lo necesitan, sin esperar nada de ellos, más que una sonrisa de agradecimiento.
En nuestras manos está pintar con los colores del arco iris cada día de nuestra corta vida.
En nuestras manos está corregir nuestros defectos para causar el menor daño posible a los demás.
En nuestras manos está tener siempre presente que no estamos solos. Que nuestros actos influyen, de manera positiva o negativa, sobre las personas que tenemos alrededor. Que nadie es el ombligo de nada.
Sólo así podremos ser felices, dentro del escaso margen de libertad que tenemos. Yo ya he elegido mi camino.
¿Y vosotros? ¿Queréis seguir siendo gente gris, marionetas movidas por hilos de hipocresía? ¿O queréis aportar algo de color a este mundo oscuro? En vuestras manos está el pincel que queréis utilizar. Eso sí, debéis tener en cuenta que vuestro lienzo parte de un color gris en lugar de blanco.



Y para terminar, dejo una frase de una canción que me enseñó un gran amigo y que siempre tengo presente: “Que si vienen vientos de tormenta y nubes grises no te hundas, no, aprende a bailar bajo la lluvia”.


1 comentario:

  1. Está en nuestras manos disfrutar de las cosas bonitas de la gente y de la gente que hace cosas bonitas.
    Está en nuestras manos rodearnos de gente que sea luz toda ella, como tú.
    Está en nuestras manos aprender de los amigos, de lo que dicen, de lo que escriben, de lo que cantan... en nuestras manos está enseñarles también.

    Bonita entrada. Te cu.

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